El cuestionamiento de Lacan a Descartes. (El sujeto dividido y el Sujeto supuesto Saber.)

El cuestionamiento de Lacan a Descartes. (El sujeto dividido y el Sujeto supuesto Saber.) (1)

Vanina De Simone.
Lic. en Psicología.
Magister en Psicoanálisis.

Lacan enuncia en  La ciencia y la verdad (1966b) que el psicoanálisis opera sobre el sujeto de la ciencia. “Decir que el sujeto sobre el que operamos en psicoanálisis no puede ser sino el sujeto de la ciencia puede parecer paradoja.” (Lacan, 1965,  p.816)

Cabe preguntarse ¿cuál es ese sujeto sobre el que el psicoanálisis opera? Este sujeto aparece en Las meditaciones metafísicas (1641) y en El discurso del método (1637) textos escritos por R. Descartes. La manifestación más relevante de ese sujeto puede encontrarse en   la ya canónica frase “(…) yo pienso, luego soy (…).” (Descartes, 1637, p. 66) Este sujeto, es el sujeto del enunciado, el sujeto del pensamiento, el que reduce su existencia a la conciencia y al razonamiento.

Siguiendo a M. G. Morente en su introducción al libro René descartes, El discurso del método, Meditaciones Metafísicas publicado en el 2006 por la Editorial Espasa Calpe; se puede decir que Descartes se propone delimitar un método constituido de reglas fijas que permita descubrir verdades. Esto se basa, en principio, en una crítica que Descartes hace a la lógica de Aristóteles. Según Descartes los silogismos aristotélicos no pueden ser un método de descubrimiento de verdades. Sólo sirven para defender o exponer tesis que pueden ser verdaderas o falsas. Explica que el silogismo obliga a partir de proposiciones establecidas de las que no se sabe sobre su verdad o falsedad.

Expone el autor que en El discurso del método (1637) Descartes tiene como intención el buscar reglas fijas para descubrir verdades. Dentro del método propuesto por Descartes, resalta el análisis en donde se plantea un problema y se lo divide para lograr claridad y distinción entre las ideas que componen al problema hasta que no admita dudas. Otros elementos que destaca de este método, son la deducción y la evidencia como criterio de verdad. Sería parte del método el admitir como verdadero sólo lo evidente. En este procedimiento se debería dividir un problema en tantas partes como sea necesario, ordenando los pensamientos desde los más simples hasta los más complejos y haciendo revisiones para que nada se omita. Relaciona el texto El Discurso del Método (1637) con Las Meditaciones Metafísicas (1641) en donde específica que en este último se encuentran los principios filosóficos sobre los que Descartes desarrolla su método. De las meditaciones metafísicas vale destacar algunas líneas de pensamiento. En principio, Descartes pone en duda todo el conocimiento. A esto puede nombrárselo como duda metódica. Pone en duda desde el conocimiento que nos llega a través de los sentidos hasta el conocimiento matemático. Es aquí, donde postula la idea de un genio maligno que implicaría decir de alguna manera, que Dios sería el autor de esos engaños. Luego, explica que no es posible dudar de todo. Infiere que la duda presupone que hay algo que duda.  La conciencia de la duda la ubica en el Yo (mente), siguiendo sus términos, que sería el portador de la duda. Luego, ya no duda de la existencia de su mente o yo, tiene la certeza respecto de su existencia. Explica Descartes:

Pero advertí luego que, queriendo yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era necesario que lo que pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esta verdad: –yo pienso, luego soy– eran tan firme y seguro (…) juzgué que podía recibirla sin escrúpulos, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando. (Descartes, 1637, p. 66)

Ahora bien, Descartes encuentra que tiene una idea que es imposible que haya sido creada por él. Se trata de la idea de lo infinito. Esta idea ha de tener una causa equivalente, es decir,  infinita. Ahora bien, Descartes asume que él no es infinito y que por tanto él no podría ser el autor de la idea de infinito que posee en su mente, conciencia o yo. Deduce, sólo Dios podía ser el causante de esta idea. Razona que si Dios es el causante de la idea de infinito, entonces Dios es real. Ya había enunciado que él mismo era real y la idea de infinito le lleva a la conclusión de que Dios tiene un correlato real. Señala, que como Dios es bueno y veraz por lo que no dejaría que nos engañemos, por lo tanto, el mundo externo a la mente existe. No obstante, en ocasiones los datos sensoriales son engañosos. Explica que no es que Dios nos engañe, al contrario, Dios pondría ante nosotros todo lo necesario para que alcancemos la verdad pero nosotros debido a nuestra imperfección, a causa de nuestra condición de seres mortales, nos equivocamos.

En  El seminario XIV La lógica del fantasma (1966-1967) Lacan retoma el trabajo de Descartes respecto del cogito y el sujeto. Plantea que el cogito se presenta como una aporía, como una contradicción radical al estatuto del inconsciente. Con respecto al cogito ergo sum va a decir que en el inconsciente  todo es posible menos articular el yo pienso al yo soy. “Tal es el error de la relación a la dimensión del inconsciente como este movimiento imposible, todo está permitido en el inconsciente salvo articular: entonces soy.” (Lacan, 1966-1967, p.24) La división subjetiva no da ninguna respuesta al yo soy más que estar representado entre dos significantes.

El psicoanálisis admite la asociación entre el ser y el pensar, pero de manera radicalmente distinta al planteado Descartes. Se lee en Descartes que la esencia del ser es el pensar. En relación a esto Lacan parte del pienso, luego soy cartesiano y retoma la máxima freudiana, Wo Es war soll Ich werden “(…) donde ello era, Yo debo advenir (…)” (Freud, 1932, p.74)

Aquí, se hace palpable la ruptura entre el Ello y el Yo. Lacan plantea que es en el marco de un análisis en donde se constata la fisura en el discurso, mediante las formaciones del inconsciente. Ahí aparece la pregunta por quien habla cuando un sujeto dice lo que dice. En este mismo seminario se ocupará de los proceso de alienación y separación. La alienación como primera operación implicará la ausencia del pensamiento afirmándose el sujeto en un falso ser, ser el objeto que le falta al Otro.

Lacan propone para su análisis que cogito ergo sum puede interpretarse como la doble implicación del pensamiento y de la existencia, donde el pensar supone a la existencia y la existencia supone el pensar. Analiza el conector ergo que significa: luego, por tanto, entonces. En la sentencia cartesiana, el yo que piensa, es el yo que existe y es esta continuidad lógica la que permitiría sostener el proceso de demostración. Según explica, Descartes realiza lo que se conoce como una inferencia que es una operación lógica que consiste en  derivar a partir de la verdad de ciertas proposiciones conocidas como premisas, la verdad de otra proposición llamada conclusión. El conector ergo implica una continuidad entre el yo que piensa y el yo que existe dando lugar al nacimiento del sujeto de la modernidad. El nacimiento del sujeto de la modernidad cobra importancia por ser aquel sobre el que opera el psicoanálisis. Lacan, por su parte, indica que no es posible garantizar que el mismo yo que piensa sea el yo que existe. Plantea además, en el marco de la lógica de G. Boole que él mismo cita, una nueva conexión en las proposiciones mediante la inclusión del operador disyuntivo o vel, y el operador de exclusión o el operador o. Dice Lacan,

(…) este inverso que él o yo no soy o yo no pienso realiza por relación al cogito, va a tratarse para nosotros de interrogarlo, de una manera tal que descubramos el sentido de ese vel  [“o”] que lo une, y el alcance exacto que la negación puede tomar aquí, para darnos cuenta de lo que atañe al sujeto del inconsciente. (Lacan, 1966-1967, p.29).

Lacan continúa, a partir del trabajo con los círculos de L. Euler, que es una manera diagramática de representar a los conjuntos y sus relaciones. Lacan subraya la intersección del conjunto del ser y el conjunto del pensar,  pienso, luego soy. Explica que la intersección entre el ser y el pensar es vacía, entonces, el ser es equivalente al no pensar y el pensar es equivalente al no ser. El sujeto en el punto cero, es tal, que ni es ni piensa. Sólo los significantes se conjugan entre sí, el pensamiento no se conjuga con el ser.

El punto de partida de este  recorrido en Lacan es o no pienso o no soy. Del lado del Ello, que corresponderá al vector de la alienación, ubica el no pienso. Lo último puede interpretarse como un sujeto siendo pensado, siendo el objeto de goce del Otro. En el punto de alienación el Ello piensa, y lo demoníaco de la pulsión comanda. Es ahí donde marca Freud que el sujeto debe advenir. Se trata de un sujeto a advenir, o podríamos decir que el je pueda desplazar en la gramática al Ello. Entonces, Lacan subvierte el “(…) yo pienso, luego soy (…).” de Descartes, enunciándolo como: ahí donde soy no pienso, ahí donde pienso no soy.

Otro seminario en el que trabaja sobre los postulados de Descartes es El seminario XI Los cuatro conceptos fundamentales (1963-1964) en donde esclarece el nexo entre el lugar que Descartes otorga a Dios y la posición del Analista. Refiere Lacan:

Es ahí donde se plantea la cuestión de las verdades eternas. Para asegurarse de que frente a él no hay un Dios engañador, precisa pasar por la mediación de un Dios (…) Permanece, por tanto, Descartes apegado, como siempre ocurrió hasta él, a la exigencia de garantizar toda búsqueda de ciencia en que la ciencia actual existe en alguna parte, en un ser existente, que se llama Dios. Es decir, ¿en qué Dios sea supuesto saber? Puede parecerles que les alejo del campo de nuestra experiencia, y sin embargo -lo recuerdo tanto para excusarme como para mantener su atención al nivel de nuestra experiencia- el sujeto supuesto saber, en el análisis, es el analista. (Lacan, 1964, p. 83)

En esta cita Lacan pone en relación el lugar del Sujeto supuesto Saber, el lugar del analista y el lugar del Dios cartesiano en tanto garante de alguna verdad. A los fines de continuar ahondando en la relación entre el Sujeto supuesto Saber, posición del analista y el lugar adjudicado por Descartes a Dios se trata el artículo de N. Rabinovich El Nombre del Padre, articulación entre la ley y el goce (2009). En el mismo, el autor plantea que el Sujeto supuesto Saber, es decir la posición del analista en la transferencia, se constituye gracias a la tendencia estructural de sujeto a creer en un saber anudado a una verdad garantizada. En la situación analítica, el lugar de Dios es caracterizado como aquel teñido de misterio que envía mensajes desconocidos para ser descifrados  está ligado al inconsciente. El lugar del analista, el lugar del Sujeto supuesto Saber, puede ser entendido como la función del oráculo. El analista es aquel que descifra los mensajes cifrados del inconsciente. En este sentido, será parte del fenómeno de la transferencia la posición de creencia del analizante en el analista. Al analizante lo ubicaría en un lugar en donde  el analista tendría un saber anticipado sobre una verdad a ser revelada. Al respecto Lacan plantea: “Porque la verdadera fórmula del ateísmo no es Dios ha muerto pese a fundar el origen de la función del padre en su asesinato, Freud protege al padre, la verdadera fórmula del ateísmo es: Dios es inconsciente.” (Lacan, 1964, p. 23) El Otro es inconsciente y en el fantasma un sujeto sirve a ese Otro. Entonces, en el ateísmo moderno las personas creen saber que Dios ha muerto pero siguen sirviendo al Otro inconsciente en su fantasma. La experiencia analítica se funda en dos tendencias estructurales en el sujeto. Por un lado, en la creencia en la garantía de algún saber anudado a una verdad y por otro en esta división psíquica en donde un sujeto puede descreer a nivel consciente y creer en una otra escena inconsciente. Se vira así de un amo sede del saber, lugar de la represión, a otro amo el inconsciente, lugar de verdad despojado de todo saber. La propensión del sujeto a creer, la disposición estructural del sujeto a instalar un Otro Sujeto supuesto Saber está dada por la sujeción del sujeto al lenguaje. Se hace necesario para el sujeto, a fin de participar en el mundo, el creer en el sentido de las palabras. Como es sabido, el sentido corresponde al registro de lo imaginario, al que también le es propio posibilitar la idea de relación, sosteniendo a su vez, el lazo social. La búsqueda de entendimiento y comprensión es una apuesta que no cesa de renovarse aunque siempre se tropiece con lo fallido en la comprensión. Tal fracaso es propio de la estructura del lenguaje en tanto los significantes no comportan sentidos unívocos y los sentidos no se encuentran apegados a los significantes.

El lugar otorgado por Descartes a Dios, es una muestra de la tendencia del sujeto a construir un lugar en donde habría un sentido último y verdadero. Esto es equivalente a esperar alguna verdad garantizada. En esto, se ubica una doble atribución al lenguaje, por un lado, existirían los sentidos verdaderos y por otro lado, habría un Otro, es decir Dios, que sabría de tales sentidos. Lacan pone en cuestión estas construcciones estableciendo su propio articulador teórico que es el Nombre del Padre. En relación a este articulador, es posible decir que hay una relación a la idea de Dios en tanto abrocha sentidos y posibilita la carretera principal. Pero este constructo teórico (Nombre del Padre) alberga otra ley que es la del sin sentido. Esta se encuentra en consonancia con la estructura del significante que comporta un espacio entre el significante y el significado. El Nombre del Padre es el articulador que se constituye en garante de la ley del lenguaje, la ley del sentido y la del sin sentido.

Bibliografía.

Descartes, R. (1637-1641). El discurso del método (1637), Meditaciones Metafísicas (1641). España: Editorial Espasa Calpe. 2007.

Freud, S. (1932). Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (1932-1936). Tomo XXII O.C.  (2° reimpresión). Buenos Aires: Amorrortu. 1991.

Lacan, J. (1964). El seminario XI Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós. 2012.

Lacan, J. (1966-1967) El seminario XIV La lógica del fantasma. Versión inédita. Disponible en http://www.bibliopsi.org/freudLacan.php

Lacan, J. (1966). Escritos 2. (2° ed. 2° reimp.), Buenos Aires: Siglo veintiuno editores. 2011.

Rabinovich, N. (2010). El nombre del padre: Articulación entre la letra la ley y el goce. Disponible en http://www.uva.br/trivium/edicoes/edicao-ii-ano-ii/artigos-tematicos/5-el-nombre-del-padre-articulacion-entre-la-letra-la-ley-y-el-goce.pdf

 

(1) Notas.

El presente artículo está basado en  un extracto del siguiente trabajo:De Simone V. (2017). La nominación en la enseñanza del psicoanálisis de J. Lacan . (Tesis de Maestría en Psicoanálisis) Universidad Nacional de Rosario, Facultad de Psicología.