La genealogía del concepto de neurosis melancolizada revela una trayectoria en la que el sujeto neurótico, en lugar de sostener la dialéctica del deseo reprimido o conflictivo, se ve arrastrado hacia una posición en la que el yo se encuentra aplastado por una identificación parcial con el objeto perdido o con el vacío que este deja, sin llegar a la fractura psicótica melancólica propia de la identificación masiva con el objeto perdido.
Entonces ahí podemos comenzar a señalar el uno de los aspectos límite de funcionamiento. En lugar de operar la represión, está falla. Freud señaló con precisión que las estructuras se diferenciaban por sus mecanismos de defensa. En esta categoría clínica, la represión falla en el núcleo de base de esta de la misma. Este núcleo de base es la imposibilidad de pérdida del objeto ya perdido.
Fue S. Freud quien en los anales de esta historización, en su texto Duelo y melancolía (1917), proporciona la matriz estructural decisiva, sin emplear el término específico. La famosa sombra del objeto que cae sobre el yo describe el mecanismo por el cual el superyó, investido narcisistamente, toma al yo como objeto de su saña.
En ese punto, podemos establecer otro aspecto límite de funcionamiento en estos sujetos. Es Otto Kernberg quién precisa que parte del funcionamiento límite en estos sujetos está dado por el desorden del narcisismo y un nivel de desorden o patología del superyo.
En la melancolía psicótica la identificación con el objeto es total y devastadora; pero en la neurosis la operación permanece parcial. Entonces resaltaremos aspectos parcial de la identificación del yo. Este no se confunde enteramente con el objeto perdido, sino que queda empobrecido, con cierto grado de vaciamiento, expuesto a la autocrítica incesante del superyó que no logra resolver mediante síntoma histérico ni en ritual obsesivo pleno.
Dicha configuración deja abierta la posibilidad de que ciertos neuróticos, en lugar de simbolizar la falta mediante un síntoma, se identifiquen con la falta misma, produciendo un vaciamiento subjetivo crónico.
Otro autor de relevancia en el desarrollo de este concepto fue Karl Abraham (1924) quien concibe a las Neurosis melancolizadas como una zona limítrofe. Describe un carácter melancólico en las mismas, inscrito dentro de un marco neurótico. La fijación oral predominante y la ambivalencia amor-odio hacia el objeto primario, imprimen una tonalidad depresiva persistente.
El sujeto no pierde el contacto con la realidad (como en la psicosis melancólica), pero su yo se ve constantemente minado por el autorreproche y una suerte de devaluación constante que estará en relación con la caída del sentimiento de sí del sujeto.
Abraham sitúa de esta manera, el germen de una neurosis teñida de melancolía, en la que la oralidad insaciable y la ambivalencia no resuelta, generan una economía libidinal en la que el sujeto se castiga a sí mismo para preservar, aunque de forma tortuosa, el lazo con el objeto.
Siguiendo el hilo diacrónico que venimos trazando, aparece con nitidez la figura de Héctor Aubert, quien, desde la orientación lacaniana contemporánea, propone la neurosis melancolizada como la respuesta subjetiva más emblemática de nuestra época.
Para Aubert, el sujeto de hoy se enfrenta a la caída estrepitosa de los grandes Ideales y a una inundación de objetos de consumo que, lejos de tapar el agujero estructural de la falta, lo dejan más expuesto. En lugar de defender su deseo con los síntomas clásicos de la neurosis, el sujeto opta por renunciar a él.
De ahí surge una apatía que no es simple cansancio biológico, sino una verdadera posición ética: el sujeto deja caer su deseo ante la evidencia de que nada podrá satisfacerlo del todo. El superyó ya no funciona como el viejo tirano que exigía obediencia o represión; ahora manda gozar, exige perfección, promete plenitud.
El resultado es un yo que ya no sufre por no alcanzar el objeto, sino por descubrir que ningún objeto parece merecer el esfuerzo de ser deseado. El mundo se vacía, se deshabita; el sujeto se apaga. Y el superyó, feroz, lo castiga no por haber transgredido, sino por su insuficiencia ontológica: por no estar a la altura del ser mismo.
Otros autores han aportado capas decisivas a esta comprensión. Hugo Bleichmar, con su concepto de trastorno narcisista depresivo, describe trayectorias donde un ideal del yo desmesuradamente exigente convierte al yo real en un desecho permanente.
Surge entonces una indefensión que roza la melancolización sin llegar nunca al umbral psicótico. Bleichmar sitúa expresamente este cuadro en el campo de los desórdenes del narcisismo, subrayando así su carácter de borde: algo que funciona entre neurosis y melancolía, sin pertenecer del todo a ninguna de las dos.
André Green, por su parte, introduce la figura de la madre muerta: una identificación primaria con el vacío depresivo materno. El sujeto arrastra consigo un luto blanco que impregna toda la vida adulta de un desgano vital profundo. No hay delirio, no hay autoacusación megalomaníaca, pero sí una incapacidad radical para investir libidinalmente el mundo. Es como si el sujeto llevara puesto el duelo del Otro desde siempre.
Massimo Recalcati habla de una clínica del vacío en la que el imperativo social del goce y la oferta ilimitada de objetos consumibles producen sujetos anestesiados, incapaces de sostener siquiera la pregunta por el deseo. Aquí la neurosis ya no reprime: se melancoliza ante la ausencia de un límite simbólico que oriente la falta y dé sentido a la castración.
Julia Kristeva, en Sol negro, insiste en cómo esta melancolización implica una pérdida de la capacidad simbólica para nombrar el afecto. El dolor queda atrapado en lo asimbólico, mudo, y el sujeto neurótico se hunde en un duelo imposible que tiñe toda su posición subjetiva sin poder elaborarlo.
Lic. En Psicología, Magíster en psicoanálisis.
Bibliografía
-Abraham, K. (1994). Notas sobre la investigación y el tratamiento psicoanalítico de la locura maníaco-depresiva y de condiciones asociadas. En Psicoanálisis clínico (pp. 115-131). Hormé.
-Abraham, K. (1994). Un breve estudio de la evolución de la libido, considerada a la luz de los trastornos mentales. En Psicoanálisis clínico (pp. 317-378). Hormé.
-Aubert, H. (2001). Neurosis melancolizadas y cuadros fronterizos. Editorial Lumen.
-Aubert, H. (2004). La clínica del vacío y las patologías del narcisismo. Editorial Lumen.
-Freud, S. (2013). Duelo y melancolía. En J. L. Etcheverry (Trad.), Obras completas: Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico, Trabajos sobre metapsicología y otras obras (1914-1916) (Vol. 14, pp. 235-255). Amorrortu Editores.
-Green, A. (1986). Narcisismo de vida, narcisismo de muerte. Amorrortu Editores.
-Kristeva, J. (1991). Sol negro: Depresión y melancolía. Editorial Paidós.
-Kernberg, O. F. (1979). Desórdenes fronterizos y narcisismo patológico. Paidós.
-Recalcati, M. (2003). Clínica del vacío: Anorexias, dependencias, psicosis. Editorial Síntesis.

