En relación al tratamiento con niños, es importante tener en cuenta que en la infancia el psiquismo de un niño se está estructurando. Esto significa que, se están formando las bases de lo que luego es nombrado como personalidad. En esta época vital se pueden producir cambios estructurales y estructurantes. Dicho en otros términos, se pueden producir cambios de importancia estructural y no coyuntural, que pueden tener incidencia a futuro.

Los adultos que rodean a los niños son aquellos que plantean, delimitan, conceptualizan el motivo de consulta. Ubican que algo puede estar mal. Por otro lado, algo puede no andar bien y que nadie lo advierta o lo enuncie, es decir, le dé el sentido o valor necesario para que sea planteado como motivo de consulta.

Vale aclarar que la palabra infante deriva de infans, del latín infantis, aquel que no puede hablar. Es el adulto quien es portador de la palabra. Un niño no podrá dar cabal cuentas, como un adulto, de su sufrimiento psíquico, en términos de palabras. Su sufrimiento se hará manifiesto a través de síntomas de diferentes tipos. Solo los adultos que rodean al niño como dueños de su palabra, podrán o no, delimitar, nombrar, aquello que un niño muestra que no anda bien con sus síntomas. Debido a esta característica propia de la infancia, la técnica privilegiada en el trabajo con niños no es tanto la palabra sino el juego. El trabajo en estos casos es de desciframiento mediante el uso del lenguaje que le es propio a los niños, el juego.

Una diferencia crucial entre el trabajo con niños y los adultos es el aspecto profundamente dependiente de los niños con respecto al medio externo. Los adultos son aquellos que profundamente pueden influir en los niños con sus decisiones y acciones por lo que el tratamiento con niños se enmarca en el trabajo familiar, incluyendo a los adultos a cargo.