En el campo del psicoanálisis, existe un relativo consenso en torno a que el concepto de estructura designa la organización invisible y estable de la legalidad subjetiva. Se trata de aquella configuración que determina de manera decisiva la posición del sujeto respecto del deseo, de la ley, del lenguaje y del goce.
Lacan, en su Seminario 31 dedicado a la disección de la personalidad psíquica, al interpretar a Freud, estableció las coordenadas fundamentales de esta noción. La estructura al define esencialmente por los puntos de fijación de la libido y por los mecanismos de defensa primordiales. En última instancia, todo depende de la forma en que el sujeto se inscribe o fracasa en inscribirse, en relación con el Significante del Nombre-del-Padre, es decir, de la eficacia de la metáfora paterna.
Si se pretende integrar la hipótesis de una nueva estructura dentro de la nosografía de las neurosis, se deberían poder contestar aquello que lacan ubica como lo propio de la diferenciación de las estructuras:
1-¿Cuál sería el punto de fijación original? 2-Se debería establecer reconocer cuál es mecanismo propio de esta posible estructura, o intentar nombrar el punto donde falla el mecanismo.
También para establecer a las Neurosis melancolizadas como nuevas estructuras deberemos poder considerar seriamente dos aspectos:
1-En primer lugar, las estructuras nunca se presentan en estado puro; siempre existen funcionamientos o de otro tipo de estructuras. Pero en este momento nos encontramos con una nueva complejidad: las configuraciones híbridas o inestables que desafían la nitidez de las grandes categorías diagnósticas.
2 -En segundo lugar, resulta indispensable generar un mayor consenso, tanto general como específico, acerca del estatuto y el funcionamiento de los cuadros de bordes o de frontera tanto en el terreno de las neurosis así como en los propios cuadros de borde o frontera.
La dificultad se acentúa porque, a partir de un cierto momento de su enseñanza, Lacan desplazó su conceptualización desde el modelo estructuralista hacia el de los nudos borromeos. En ese viraje, lo Simbólico pierde progresivamente centralidad mientras que lo Real adquiere un lugar preponderante.
El problema radica en que tanto los sujetos como la disciplina misma seguimos operando inevitablemente con el lenguaje y las palabras, las cuales remiten, de manera ineludible, a las coordenadas teóricas y clínicas propias de cada corriente.
A ello se suma un obstáculo adicional de mayor envergadura: ciertos autores postlacanianos de reconocido prestigio han contribuido, más que a esclarecer, a generar grandes confusiones en los cuadros de borde o frontera. No estableciendo conceptualizaciones precisas que nos guíen en ese tipo de clínica.
En este contexto teórico-clínico, la propuesta de elevar la neurosis melancolizada al estatuto de una nueva estructura o, al menos, de una estructura de borde dotada de lógica propia, surge principalmente de posiciones heterodoxas respecto de las directrices dominantes en la Escuela francesa contemporánea.
Se trata de autores que consideran que las categorías clásicas freudianas y lacanianas (neurosis y psicosis) resultan insuficientes para dar cuenta de determinados funcionamientos clínicos en los cuales el sujeto no presenta los rasgos definitorios de la psicosis (ausencia de delirio y alucinación) ni tampoco la dinámica habitual del deseo, la represión y la conflictiva edípica característica de la neurosis.
En el debate estrictamente clínico que tiene lugar en el seno de la Escuela francesa, la distinción entre “estado” y “estructura” reviste una importancia capital. Aquellos autores que han dado el paso hacia la formalización de la neurosis melancolizada —o de sus variantes afines— como una organización estructural específica son, entre los más destacados: André Green, Jean-Claude Maleval, Claude Smadja, Paul-Laurent Assoun, Colette Soler.
En el seno de la escuela francesa de psicoanálisis, ciertos autores de relieve han sabido apartarse de las coordenadas nosográficas dominantes -neurosis, psicosis, perversión y psicosis ordinaria- para abrir nuevos caminos teóricos. Esta separación no debe entenderse como una mera discrepancia doctrinal, sino como un gesto simbólico necesario: el acto de des-alineación que permite al sujeto pensante constituir su propio campo de elaboración.
Es en este movimiento de relativa autonomía donde emerge la propuesta de reconocer la neurosis melancolizada como una estructura clínica específica. Diversos autores han aportado argumentos consistentes en este sentido:
André Green, figura central e ineludible, ha sido uno de los primeros en delinear con precisión esta configuración. Mediante sus conceptos de narcisismo negativo y alucinación negativa, Green describe una economía psíquica en la que la investidura libidinal no se dirige hacia el objeto, sino hacia el vacío mismo. Lejos de tratarse de un estado reactivo o transitorio, esta organización representa, para él, una estructura duradera del aparato psíquico, sostenida en el proceso fundamental de desobjetalización.
Jean-Claude Maleval, desde una lectura lacaniana rigurosa, defiende la existencia de una melancolía de estructura claramente diferenciada de la psicosis maníaco-depresiva clásica. La sitúa en un fracaso estructural en la extracción del objeto a, que cristaliza una posición subjetiva singular y fija, constituyendo así una modalidad clínica autónoma.
Claude Smadja, dentro de la tradición de la Escuela de Psicosomática de París (IPSO), aunque fiel a ciertos ejes de la metapsicología francesa, propone que ciertas neurosis “actuales” o determinadas neurosis de carácter presentan una base estructural melancolizada. El eje organizador de estas formas clínicas sería el denominado funcionamiento operatorio, caracterizado por una marcada desinvestidura del psiquismo y una prevalencia de lo económico sobre lo dinámico.
Paul-Laurent Assoun ha desarrollado una metapsicología de la melancolía en la que describe sujetos organizados en torno a un duelo eterno. Esta estructura determina de manera permanente su relación con el lenguaje y con un superyó particularmente feroz y exigente, que opera más allá de cualquier coyuntura reactiva o situacional.
Finalmente, Colette Soler, aun manteniendo su adhesión a la división tripartita lacaniana clásica (neurosis, psicosis, perversión), ha elaborado, a partir de su trabajo sobre los afectos en Lacan, una caracterización de posiciones melancólicas que obedecen a una lógica estructural propia. Destaca en particular el rechazo del inconsciente, lo cual aproxima estas configuraciones a una categoría clínica relativamente autónoma.
Para integrar legítimamente la hipótesis de la neurosis melancolizada como estructura clínica autónoma dentro de la nosografía de las neurosis, es indispensable responder a los dos ejes que Lacan identifica como constitutivos de toda diferenciación estructural: (1) el punto de fijación originaria y (2) el mecanismo específico de defensa (o el punto preciso donde dicho mecanismo falla).
Solo cuando estos dos operadores se articulan de manera coherente y distinta de las configuraciones ya establecidas (neurosis histérica, obsesiva y fóbica) resulta posible postular una nueva estructura.
Los autores que han sostenido la existencia clínica de la neurosis melancolizada ofrecen precisamente esa doble conceptualización, aunque desde perspectivas teóricas diversas. A continuación se exponen sus aportes con rigor y precisión.
1. André Green
Para Green, la neurosis melancolizada no se sostiene únicamente en la represión (propia de la neurosis clásica), sino en procesos más radicales vinculados a la pulsión de muerte. El mecanismo central es la desobjetalización: no se trata de transformar el objeto (como en la sublimación), sino de atacar el vínculo libidinal mismo, reduciendo a la nada toda investidura.
Complementan este proceso la alucinación negativa —no ver lo que está presente, creando un vacío en la representación— y el narcisismo negativo, que aspira al “nivel cero” de excitación, es decir, a la aspiración misma a la nada.
El punto de fijación originaria se sitúa en la relación con la Madre Muerta: no una madre real fallecida, sino una madre psíquicamente desafectivizada que deja al sujeto anclado en un objeto imposible de abandonar y, a la vez, imposible de poseer. De ahí emerge un “núcleo frío” en el narcisismo que marca estructuralmente al sujeto.
2. Jean-Claude Maleval
Desde una lectura estrictamente lacaniana, Maleval diferencia con nitidez esta posición de la psicosis. El mecanismo primordial es el fracaso en la extracción del objeto a: el sujeto no logra separar el objeto del campo del Otro, quedando “pegado” a él sin que este pueda constituirse como causa de deseo. Surge entonces una identificación melancólica masiva con el objeto caído.
El punto de fijación se ubica en una insuficiencia de la mediación del Nombre del Padre que, sin llegar a la forclusión psicótica absoluta (propia de la melancolía maníaco-depresiva), configura una “melancolía de estructura” donde el sujeto no logra subjetivar la pérdida.
3. Claude Smadja (Escuela de Psicosomática de París)
Smadja enfatiza la carencia de elaboración psíquica. El mecanismo de defensa dominante es el funcionamiento operatorio: un pensamiento fáctico, desprovisto de fantasía y de profundidad simbólica, que protege al sujeto del desborde pulsional. Se asocia a una desinvestidura económica radical: el aparato psíquico se “apaga” para evitar el dolor, lo que conduce a una vida plana o a la somatización.
El punto de fijación es pre-simbólico y remite a las neurosis actuales freudianas: el trauma no fue tramitado por la palabra y permanece fijado en el cuerpo o en la acción repetitiva.
4. Paul-Laurent Assoun
Assoun sitúa el fenómeno bajo el peso abrumador del Ideal. El mecanismo esencial es el duelo eterno: el sujeto incorpora patológicamente el objeto perdido para no perderlo definitivamente. Esta incorporación se sostiene en la crueldad del Superyó, que se manifiesta en un auto-reproche incesante destinado a saldar la deuda inconsciente con el objeto.
La fijación originaria se localiza en la fase oral-canibalística (incorporación del objeto) y en una sumisión absoluta a un Superyó arcaico y feroz.
5. Colette Soler
Soler describe un rechazo del inconsciente (Verwerfung del afecto): el sujeto rehúsa saber sobre su propio deseo inconsciente. El afecto no se desplaza ni se simboliza (como en la histeria o la obsesión), sino que permanece fijado como dolor de existir, una pesadez del ser que no encuentra salida.
El punto de fijación estructural radica en la insuficiencia del lazo con el Otro: el lenguaje no logra “morder” el goce, dejando al sujeto a merced de un afecto puro y desolador.
Sintetizando entonces:
André Green:
-Mecanismo primordial:
Desobjetalización mediante alucinación negativa y narcisismo negativo.
-Eje estructural ( punto de fijación) :
Relación con la Madre Muerta (núcleo frío del narcisismo)
Jean-Claude Maleval
-Mecanismo primordial:
Fracaso en la extracción del objeto a + identificación melancólica masiva
-Eje estructural ( punto de fijación) :
Insuficiencia de la mediación del Nombre del Padre (melancolía de estructura no psicótica)
Claude Smadja
-Mecanismo primordial: Funcionamiento operatorio + desinvestidura económica
-Eje estructural ( punto de fijación) :
Pre-simbólico (neurosis actual freudiana: trauma no tramitado por la palabra)
Paul-Laurent Assoun
-Mecanismo primordial: Duelo eterno por incorporación patológica del objeto + crueldad del Superyó
-Eje estructural ( punto de fijación) :
Fase oral-canibalística + Superyó arcaico y feroz
Colette Soler
-Mecanismo primordial:Rechazo del inconsciente (Verwerfung del afecto) + dolor de existir
-Eje estructural ( punto de fijación) :
Insuficiencia del lazo con el Otro (afecto puro no simbolizado)
Cada uno de estos autores, desde su marco teórico específico, responde así a los dos interrogantes lacanianos y fundamenta la legitimidad de considerar la neurosis melancolizada como una estructura clínica singular, distinta tanto de las neurosis clásicas como de la psicosis melancólica. La convergencia de sus análisis a pesar de las diferencias de escuela, refuerza la hipótesis de una nueva configuración nosográfica en el campo psicoanalítico contemporáneo.
Vanina De Simone. Lic. en psicología, Magíster en Psicoanálisis.
Bibliografía
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Maleval, J.-C. (2002). La forclusión del Nombre-del-Padre: El concepto y su clínica. Paidós. (Obra original publicada en 2000)
Smadja, C. (2005). La vida operatoria: Estudios psicoanalíticos. Biblioteca Nueva.
Soler, C. (2011). Los afectos lacanianos. Letra Viva.

