R.S.I en términos nodales.

             El rasgo unario en la nominación. (1)

Vanina De Simone.
Lic. en Psicología.
Magister en Psicoanálisis.

Abordar El seminario XXII R.S.I. (1974-1975) implica un trabajo con topología de nudos. A modo de introducción al seminario nombrado, se tomará el texto de J. C. Milner en Los nombres indistintos (1983). Dicho texto se propone en un principio, delimitar y cercar los conceptos o supuestos de Lacan, real, simbólico, e imaginario, y luego deducir las propiedades de los mismos.

Milner plantea que lo real parte del supuesto de que Hay, por lo que nada podría existir sino desde lo real. Este real no se escribe, por lo que requiere de lo simbólico. No puede escribirse en tanto es imposibilidad: lo real es un registro que se encuentra dentro de la trama de lo irrepresentable, de lo imposible. Pero, si bien su escritura es imposible, se intenta escribir desde lo simbólico; una de las formas de la escritura de lo real es el no hay. Lo que lo singulariza es el carácter indistinto y disperso, sin forma, sin nombre, y eso en el ser hablante provoca horror. Lo real se define por ser irreductible a toda definición y anterior a todo juicio de existencia, ya que este es su soporte, su potencia.

Respecto del registro de lo simbólico, plantea que de él se desprende el concepto de lalengua, que es lo que posibilita que haya nombres y lo que nombra. Esto lo lleva a plantear que lo simbólico es lo que permite discernir, distinguir. Lalengua es un neologismo con el que Lacan designa la lengua particular de cada sujeto del inconsciente. Otro modo de plantearlo es decir que lalengua es la forma particular por la que cada ser hablante es atravesado por la palabra.

Nada se escribe sino desde lo simbólico. Se requiere un mínimo irreductible de nominación, para que el registro simbólico pueda ejercer su insignia: distinguir. Tal como plantea Milner, si hay discernibles entonces hay Uno. Por último, con respecto a los supuestos lacanianos, trata lo imaginario. Este registro implica la suposición de que hay semejantes. Según el autor, si hay semejantes, habrá desemejantes y por lo tanto relaciones. Entonces, si hay relaciones podrá haber propiedades y clases. Estas últimas están constituidas por la relación semejante y desemejante. Milner explica que si hay similitudes y relaciones, entonces habrá representables y consecuentemente una realidad. El registro de lo imaginario se constituye en la trama de todo lo representable, en donde se funda la posibilidad de imaginar. Lo representable es la red de lo posible, y sobre ese telar se tejen las hebras del tiempo y el espacio. Este registro posibilita enlazar, es semblante, forma lazo y cuerpo. Por otro lado, es interesante agregar que al momento de distinguir los tres registros se puede precisar que, la existencia es real, mientras que la consistencia es imaginaria, y el agujero es simbólico.

En el nudo, los tres registros pueden pensarse individualmente como nudos triviales, es decir redondeles de cuerda, o también los tres en tanto anudados. Si se los considera individualmente, es posible decir que solo desde lo imaginario puede imaginarse o representarse, sólo desde lo simbólico puede escribirse y sólo desde lo real, los dos anteriores registros anteriores pueden existir, o ex-sistir. Esto lleva a plantear que ninguna de las suposiciones es accesible desde la otra suposición, sino no serían tres. Entonces, no se puede acceder a un registro desde otro, pero esto no implica que mediante el cruzamiento de cuerdas se pueda escribir lo real como imposible de ser escrito. El nudo borromeo, sirve como soporte a los supuestos R.S.I. .Se compone por tres redondeles de cuerda, es decir nudos triviales, que se anudan de un modo particular, en donde ninguno atraviesa el agujero de otro. Es por eso que se lo puede definir como un nudo con tres nudos triviales anudados borromeamente. Si bien se lo llama nudo, específicamente es un linknot, que podría traducirse como cadenudo. Este nombre es una condensación entre cadena y nudo, ya que este es una cadena y es un nudo. Debido a que el redondel no atraviesa el agujero de cualquiera de los otros, puede decirse que es un nudo. De esta manera, podemos agregar que el nudo borromeo no es un enlazamiento, ya que este es solo posible, si un redondel atravesase un agujero de los otros. Clásicamente se dice que los tres anillos están dispuestos de tal manera que al separar cualquiera de ellos se extravían los dos restantes.

En esta peculiaridad se encuentra lo real del nudo, que es la imposibilidad marcada por el desanudamiento. El nudo es en sí, puesto que es irreductible, se constituye como real debido a que en un único corte es posible hacer aparecer la dispersión que no es diferente de lo real. Entonces lo real del nudo, que se distingue de lo real en tanto registro, es la imposibilidad  de que se sostenga si se corta uno de los redondeles. También es posible ubicar lo real en la imposibilidad de recorrer alguno de los redondeles sin encontrarse con los otros redondeles. En ese sentido, distinguirlos implica darle un nombre a cada una de las cuerdas, operación que depende del registro simbólico, o se los colorea, que es la operación propia de lo imaginario. Lacan realiza un trabajo de distinción en El seminario XXII R.S.I. (1974-1975) y en este seminario introduce el nudo de cuatro. Esta cuarta consistencia va a tener la función de distinguir. Continuando, Milner (1983) plantea que el nudo es simbólico ya que sus partes son distinguibles unas de otras, a partir de que se las pueda nombrar. En ese sentido, es simbólico puesto que es Uno. Pero también se puede considerar el nudo desde el punto de vista imaginario, ya que cada uno de los redondeles son manipulables en la realidad. Es la consistencia de cada uno de los redondeles, que los hace equivalentes. Además, el autor plantea que el redondel casualmente es la figura insignia de lo imaginario. La interpretación de Milner (1983) es muy interesante, porque concluye que el nudo borromeo tiene en cada uno de sus elementos las propiedades que nombra. Es decir, que cada uno de sus elementos nombra una propiedad que afecta al conjunto y particularmente a cada uno de sus elementos. También es posible precisar el modo de relación que poseen los registros en la estructura del nudo: se puede partir de cualquiera de las proposiciones (real, simbólico, imaginario) y se encontrará a las otras proposiciones. Este encuentro con cualquiera de los tres registros no es al modo de una deducción lógica, sino más bien desde la imposibilidad de reducir o subsumirlos unos sobre otros. Según el autor, lejos de toda deducción, los tres registros se cierran, se redondean, en sí mismas. Dice Milner:

De modo que le nudo tiene, en cada uno de sus elemento, las propiedades que como conjunto el enuncia; pero recíprocamente, cada uno de sus elementos nombra una propiedad que afecta al conjunto considerado colectivamente y a cada uno de los otros elementos considerados distributivamente. (Milner, 1983, p.13).

Milner, discierne que el psicoanálisis designa, según su nombre lo indica, el desanudamiento por el que lo real del nudo se constituye. Al interpretar, se corta el redondel del que eso se sostenía, por lo que a posteriori, se podría interpretar que ahí había un nudo. Es decir, se sabe de la existencia del borromeo retroactivamente gracias al corte o en el instante de su desanudamiento. Se considera a partir del efecto que se genera. En el instante de desanudamiento, Lacan ubica al horror como efecto del encuentro con lo real. Pero el desanudamiento es seguido de un anudamiento, y en ese sentido, la estructura responde a cierta temporalidad. Desde esta perspectiva, el análisis puede definirse como una práctica que implica el tratamiento de lo real por la vía de lo simbólico. Es también una práctica del corte, o dicho en otros términos corte en lo real del tejido discursivo. Ese real emerge en el corte y se anuda inmediatamente a lo simbólico en una nominación. Es un proceso de apertura y cierre de redondeles, de desanudamiento y anudamiento posterior. La diferencia radica en el surgimiento de una verdad que adviene para el sujeto, después de eso, nada volverá a ser lo mismo.

Milner (1983) plantea que el intento de nombrar lo real es fallido. Para fundamentar esta posición retoma las tres suposiciones: Hay (real), hay Uno (simbólico), hay Mismo (imaginario). Advierte que estos tres son nombres, semblantes. Así, la suposición Hay, que refiere a lo real, también pertenece al registro de los simbólico por convertirse en nombre y permitir discernimiento, hace que sea Uno. Tal como se mencionó anteriormente en el presente capítulo, lo real es del orden de lo indiscernible, de lo innombrable. Pero, a la vez, cualquier nombre que adquiera lo real, no deja de ser un elemento de lo simbólico ya que es nombre. De esta manera cuando se trabaja en un análisis lo traumático, con lo que se trabaja es con aquello que muerde o bordea lo real. A partir de esto, se puede precisar que solo es posible trabajar lo real desde lo simbólico. Interesa rescatar también la puntualización que realiza con respecto al Es war freudiano, o el Eso era al que refiere S. Freud, Wo Es war soll Ich werden “(…) donde ello era, Yo debo advenir (…)” (Freud, 1932, p.74). En su análisis plantea que el Eso se constituye en anterior a cualquier distinción, descripción, propiedad o representación. Por su parte el Era se puede ubicar como anterior a cualquier juicio de existencia. Eso podría ser un nombre propio del registro de lo real, si lo real pudiese tener un nombre. Pero todo el asunto radica en que al intentar capturar un nombre que capte lo real, se vuelve a caer en los registros simbólico e imaginario. Cuando se cree capturar o nombrar lo real se nombra, en efecto, otra cosa. Por su parte las palabras amo, son el nombre con el cual se cree haber nombrado lo real. Se instituye de esta manera una palabra amo que dicta que lo que es no puede ser sino como es, instaurando por lo tanto el silencio y el no-pensamiento frente a ella. “Así entendido, el hay no es más que el significante del Lazo supremo por lo cual Todo se sostiene: o sea, el taponamiento de cualquier fractura venida de lo Real este significante nombra supuestamente.” (Milner, 1983, p. 22). En ese sentido, esto permite precisar cómo el hecho de intentar fijar un nombre para lo real, lleva a la construcción de palabras amo, instancia de dominio servidumbre.

Con respecto a los nombres el autor explica que en virtud del borromeismo, de los entrecruzamientos de los redondeles, se arriba a un punto de homonimia, lo que es causa de equívocos. Y agrega, que hay un enlace estrecho entre la homónima y lalengua. Aclara que las homonimias pueden convertirse, por lo menos por un instante, en sinonimias y solo por fuera de la lengua podría haber discernimiento, separación de los términos, lo que no ocurre.

El hecho de que no exista el metalenguaje o un Dios supremo que discierne y ubique las cosas en su lugar, acerca al sujeto al caos. Una solución posible, explica, es que el caos no sea pensado por los sujetos sociales. En tanto una sociedad se funda en los agrupamientos, es necesario que haya del lazo, por lo que aquello que lo corroe, es nombrado en términos de lo negativizado, quedando así ubicado del lado de lo que no puede pensarse. En los agrupamientos será necesario el nombre como síntesis del lazo. Los nombres aparecen desde esta perspectiva salvaguardando la unión, constituyéndose en palabras amo. Explica que las palabras amo son posibles, en tanto los sujetos creen en que existe un referente al que están fijadas, que se encuentra ubicado en el lugar del ideal, lugar desde el que es posible el agrupamiento. Así el referente es nombrado como nombre de nombre, nombre último, última palabra, causa de la cadena de enunciados. A la creencia estructural del sujeto, se le contrapone ese punto de separación, que implica que los conjuntos sociales creen fácilmente librarse de las palabras amo. Ahí, dirá Milner (1983), hay palabras amo que son muestra de su dominancia en el tejido social, por ejemplo la idea de realidad, entendida como referencia en sí. La política es también otra forma de las  palabras amos, de la que el autor explica que se puede desprender lo que nombra como visión política del mundo. Esta visión implica que no hay nada posible más allá de los agrupamientos, y por ende, del lazo social. Luego aclarará, que son los sujetos sociales, aquellos que reclaman la síntesis, aquellos que en muchos casos portan una visión política. Se reclama un amo que ordene armónicamente, ilusión destinada siempre al fracaso, ya que en algún momento una nominación real aparecerá, ubicando la dispersión. Agrega a su vez que, debido al Uno real, que puede ser diverso y semejante, persistente o efímero, múltiple o singular, y debido a su vez a la homonimia, las palabras amo pueden ser intercambiadas. Uno ejemplo de esto es la palabra libertada, que de ser una heterogeneidad, una fuente de dispersión, pasa a ser una palabra amo que en la Revolución francesa se proclama bajo la forma: libertad, igualdad, fraternidad. Aclarando el autor: “El Uno que estructura esto es sin dudas del orden de S (…)” (Milner, 1983, p.93) Se entiende entonces que Milner (1983) intenta diferenciar aquellos nombres que pueden pensarse del lado del Uno simbólico de los nombres ligados al Uno real. Dicho en otros términos, nombres en donde el punto de cruzamiento es entre lo simbólico y lo imaginario, diferente de los nombres en donde el cruzamiento se da entre lo simbólico y lo real. Desde esta lectura cobra claridad lo que introduce Lacan como la diferencia entre dar nombre de la nominación, lo que será introducido en el punto siguiente de este trabajo.

Continúa explicando que los agrupamientos se constituyen sobre la base de agrupar varios términos en una sola clase, debiendo estos tener una propiedad en común. Para que una clase se conforme, será necesario el juicio de atribución, en donde se explicite, (X es P). A su vez, será necesario delimitar aquello que no forma parte del agrupamiento. Aclara las clases con agrupamientos precarios en su constitución, fluctuantes. Aquel que es nombrado bajo el nombre por ejemplo de una clase, es tal en el instante en que se lo nombra, propiedad que solo subsiste en esa nominación, no por fuera de esta. Los sujetos a fin de anudarse a lo simbólico, pueden aceptar tales nombres. Así el Uno simbólico de un nombre en el acto de nombrar absorbe una multiplicidad, una diversidad, quedando esta disipada. Explica así el proceso de alienación en donde en un acto se realiza la asunción de un nombre formando parte de una clase simbólica cuya propiedad lo designará. En este movimiento el sujeto se aliena y se vacía en el nombre que lo comenzará a nombrar. Continua diciendo que hay otras formas de nombrar, este es el caso del psicoanálisis lacaneano, que nombra por ejemplo neurosis, psicosis perversión. En estos nombres se escucha una unicidad ligada a la homonimia, aunque por otro lado también se escucha la dispersión propia de lo real: el deseo. Se espera que el analista este advertido de que el nombre es un semblante, que representa pero a su vez algo se le escapa. Los nombres comunes hacen lazo, pero comportan en sí, ese núcleo de dispersión ligado a lo real. Entonces las clases, en psicoanálisis, encuentran ese punto de unicidad en las clases y de multiplicidad en lo radicalmente disímil que es el deseo como singular. Así, puede hablarse de clases paradójicas, recordando la paradoja conocida como  Epiménides el mentiroso a la que alude Lacan en varios seminarios pero trabaja con mayor intensidad por ejemplo en El seminario IX La identificación (1961-1962). En esta, explica la paradoja, muestra al enunciado pendulante entre la idea de verdad y mentira. El Uno real del sujeto, a saber, su posición ante su deseo, excede al predicado que con sus nombres intenta nombrar algo de su singularidad. Por otro lado, nombra la pasión por lo representable como canallada, en donde la premisa es: no hay deseo, solo demanda a satisfacer. El precio a pagar por esta posición, es la tontería. Esta posición consiste en creer en el lazo, lo que implica creer en un imposible. Un sujeto tomado por esta posición promulga que no hay corte que deshaga el lazo, y por tanto, se ubica el sin límites. El precio por esta posición es la renuncia al propio deseo.

Bibliografía.

Lacan, J. (1961-1962). El seminario IX La identificación. Versión crítica. Trad. y notas de R. Rodríguez Ponte. E.F.B.A. Disponible en http://www.lacanterafreudiana.com.ar/lacanterafreudianajaqueslacan.html

Lacan, J. (1974-1975). El seminario XXII RSI. Versión inédita. Disponible en http://www.bibliopsi.org/freudLacan.php

Lacan, J. (1974-1975). El seminario XXII RSI. Versión crítica. Trad. y notas de R. Rodríguez Ponte. E.F.B.A. Disponible en http://www.lacanterafreudiana.com.ar/lacanterafreudianajaqueslacan.html

Milner, J.C. (1983). Los nombres indistintos. Buenos Aires: Manantial.

(1) Notas.

El presente artículo está basado en  un extracto del siguiente trabajo: De Simone V. (2017). La nominación en la enseñanza del psicoanálisis de J. Lacan . (Tesis de Maestría en Psicoanálisis) Universidad Nacional de Rosario, Facultad de Psicología.