Lo que enseña el olvido del nombre propio en Freud y en Lacan.

Lo que enseña el olvido del nombre propio en Freud y en Lacan.  (1)

Vanina De Simone.
Lic. en Psicología.
Magister en Psicoanálisis.

 

En el texto Psicopatología de la vida cotidiana (Freud, 1901) el autor trata, entre otros temas, el olvido de los nombres. Entre ellos dedica un capítulo completo al olvido de nombres que titula El olvido de los nombres propios. En este capítulo se enuncia que al olvidar un nombre propio, no solamente hay un olvido, sino que además puede aparecer un recuerdo falso que ocupa el lugar de la palabra olvidada. En el intento fallido de recuperar un nombre, acude a la conciencia un nombre sustitutivo, que reemplaza al nombre buscado originalmente. Freud destaca que lo importante no es la palabra olvidada en sí misma, sino las conexiones entre el nombre olvidado y los sustitutos de la palabra olvidada. Por la vía del desplazamiento, al buscar un nombre se encuentra otro; este desplazamiento obedece a una ley. En ese sentido, esta operación no es arbitraria. Hay un nombre olvidado, un significante reprimido, sustitutos y conexiones dadas por la asociación libre. Freud intentará dar cuentas del mecanismo de ese proceso psíquico a través de un ejemplo personal, muy trabajado en el ámbito psicoanalítico. Se lo conoce como el olvido del nombre Signorelli. En este capítulo se tratará dicha formación del inconsciente.

En el contexto de un viaje hacia Herzegovina, mientras conversaba con un extraño tiene un olvido. No puede recordar el nombre del pintor Signorelli. Este pintor se asocia a la idea de la muerte y el juicio final. En su lugar, aparecen varios sustitutos, todos relacionados metonímicamente con el nombre olvidado: Botticelli y Boltraffio. Recién cuando el extraño evoca el nombre, Freud recuerda perfectamente y procede a reconstruir los caminos de su olvido.

En primer lugar intenta recordar sobre qué temas habían estado hablando anteriormente al intentar evocar el nombre Signorelli. Freud plantea que algo del tema anterior podría haber tenido efecto en el olvido. Recuerda que habían estado hablando de los turcos de Bosnia y Herzegovina y sus características. En su charla comentan que, los turcos tenían una posición de resignación con respecto a la muerte, y cuando se acercaba el momento decían “Herr {señor}, no hay nada más que decir. ¡Yo sé que si se lo pudiera salvar, lo habrías salvado!”.(Freud, 1901, p.11).

También dicen, que los turcos le daban gran importancia al placer sexual y que un paciente de un colega habría dicho “Sabes tú, Herr, cuando eso ya no ande, la vida perderá todo valor”. (Freud, 1901, p.11). Nuevamente aparece en esto, la resignación ante la muerte, esta vez enlazado con la sexualidad. Al hablar de la temática de la sexualidad, Freud desvía el tema ya que le parece impropio hablar de esto con un extraño. Da a entender, que evita hablar y anudar los temas, sexualidad y muerte, pero inconscientemente quedarían enlazados. Luego recuerda que, hacía un tiempo estando en Trafio, le habían dado la noticia de que un paciente suyo se había suicidado a causa de una perturbación sexual. Freud concluye que habría querido evitar entrelazar la sexualidad y la muerte por el dolor que le causaban psíquicamente. Estos temas quedan anudados y aparecen a través del olvido del nombre Signorelli.

Uno de los primeros momentos en los que Lacan cita el caso del olvido del nombre Signorelli es en El seminario III Las psicosis (1955-1956). El análisis en este momento se encontrará centrado en los procesos metafóricos y metonímicos puestos en juego en el olvido. En la clase del 16 de Mayo de 1956, Lacan plantea, a partir de las operaciones de la metáfora y la metonimia, que el olvido del nombre implica por un lado una sustitución y por otro lado un desplazamiento, ya que se sostiene la conexión con lo que se intenta nombrar. Esto es desarrollado más adelante en su enseñanza en  El seminario V Las formaciones del inconsciente (1957-1958). Allí realiza un minucioso trabajo de puesta a prueba de su axioma: el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Es en ese contexto que inserta su trabajo sobre Signorelli. En el trabajo que realiza Lacan sobre el ejemplo de olvido de nombre propio de Freud, es posible leerlo a la luz de las operaciones de metáfora y metonimia. Lacan plantea que hay una falla en la sustitución. En el lugar donde se debería haber construido una metáfora que reemplace la palabra perdida, hay un olvido. La metáfora fracasa y en su lugar aparecen lo que Lacan llama las huellas metonímicas del objeto, y que en última instancia refieren a la muerte a partir del Herr. Esto permite establecer las conexiones entre Herr y Signor. Signorelli se ha fragmentado y sus letras reaparecen dispersas. Esta descomposición es a su vez lo que le permite a Freud reconstruir la metáfora fracasada conectando Herr y Signor. Pero esto no explica el fracaso de la metáfora.

En el olvido del nombre propio, hay una sustitución de un significante S por otro S´, ya partir de esto se produce un nuevo sentido. Con la sustitución, aparece otro sentido S que es el sentido de la metáfora, y esta es la clave que da lugar al sujeto. En términos de matema, se plantea de la siguiente manera:

X   S´

S´  S

La X indica dónde se origina la función significativa. En ese lugar Freud no encuentra nada, allí hay una falta y el nombre no aparece. Es esa falta la que reclama la creación de un nuevo sentido que trae la metáfora. Dice Lacan:

Olvidar un nombre, no es simplemente una negación, es una falta, pero una falta – siempre tenemos la tendencia de ir demasiado rápido – de ese nombre. No es porque ese nombre no es atrapado que está la falta, es la falta de ese nombre lo que hace que, al buscar el nombre, falte en el lugar en que ese nombre debería ejercer esa función, en el que ya no puede ejercerla pues se requiere un nuevo sentido, lo que exige una nueva creación metafórica. (Lacan, 1957-1958, p.63)

Tanto Freud como Lacan coinciden en que hay una fuerza especial que lo mantiene reprimido. Lacan atribuye a esa X que podría transcribir el olvido del nombre, un objeto que no puede ser nombrado sino por sus conexiones, y que sería la muerte misma, la muerte como real. En relación a esto, el autor expresa:

(…) y es por eso que él no encuentra el nombre y que el Herr juega el rol del lugar que tiene como objeto metonímico, como objeto que no puede ser nombrado, como objeto que no es nombrado más que por algo que está en su conexiones. La muerte es el Herr absoluto. Pero cuando se habla del Herr no se habla de la muerte, porque no se puede hablar de la muerte, porque la muerte es muy precisamente a la vez el límite, y probablemente también el origen de donde parte toda palabra. (Lacan, 1957-1958, p. 62)

En  El seminario XII Problemas cruciales para el psicoanálisis (1964-1965), específicamente en la clase de 6 de enero de 1965, Lacan retoma el olvido del nombre propio de Signorelli con un nuevo armazón teórico, siguiendo las coordenadas de lo  simbólico, lo imaginario y lo real. En este momento de su enseñanza cuenta con los desarrollos sobre el objeto a, que permiten tratar los objetos pulsionales en tanto objetos causa de deseo. Su apuesta teórica apunta a concebir la escritura inconsciente, como circunscribiendo una falta particular, la falta de objeto.  Bajo este contexto, retoma el análisis del caso, por vías del nombre propio. En este seminario, al retomar el caso del olvido, plantea que lo implica a Freud doblemente. Por un lado, en relación a su práctica, ya que un paciente suyo se había suicidado, y por otro lado en relación a sus avances teóricos en los que trabajaba sobre la importancia fundamental de la relación entre los asuntos del sexo y la palabra. En tanto estas dos cuestiones se conectan metonímicamente con el nombre del pintor, Freud olvida su nombre. En su lugar solamente aparecen nombre sustitutos, en parte homofónicos, y en ese tropiezo de lo simbólico adviene al rescate el Herr.

Ese sentido, Lacan continúa el análisis acercando los términos Herr y Signor. Previamente en la conversación que mantenía Freud, el término Señor, venía ligado al personaje del médico. Lacan interpreta que lo que causó el olvido fue la identificación de Freud mismo con las letras Sig. Signorelli refiere a la idea de señor por ser la traducción de Signor, y se liga a la idea de  prestigio y admiración. Aquel, que en tanto prestigioso, no debía hablar de ciertas cosas como de sus fracasos o de sus osadas elucubraciones. En esa identificación, en el trabajo narcisista de sostenerla para otro, para su semejante, Freud pierde el rumbo de su deseo, rumbo que va aparecer en el campo del Otro. Ese campo en tanto lugar simbólico donde el deseo se constituye a partir de lo que allí falta. Refiere Lacan:

(…) «el sujeto, desde donde se ve, no es ahí donde se mira»”. Y acuérdense también de lo que les dije que era el cuadro, el verdadero cuadro: es mirada; que es el cuadro el que mira al que cae en su campo, y en su captura; que el pintor es aquel que, del “Otro”, ante él hace caer la mirada. (Lacan, 1964-1965, p. 28).

Pierde Freud su rumbo y la señal está dada en que pierde un nombre, y en particular en este ejemplo, pierde algunas letras, que no aparecen en ninguna de las palabras sustitutivas. Esas letras son tres y escriben Sig de Sigmund, sostiene Lacan. Dichas letras, van a sostener el deseo de Freud recortado ahora, en el campo del Otro, que él también es otro, otro Sig de Signorelli, presente ahora como mirada dirigida a Freud. Es necesario recordar en este punto que en el fresco Freud destaca la figura misma del pintor que lo mira. El artista, celebrado por su modo de tratar con la pintura lo intratable del sexo y de la muerte, está allí en el cuadro, todo él recubierto, dice Freud, de un brillo particular. Se recorta la pulsión escópica que circunscribe allí, para Freud, su objeto. Explica Lacan:

Signorelli, tan admirado por él, ¿qué es lo que, sin cesar – déjenme adelantar mi propio discurso – qué es lo que no cesa de mirarlo? (…) el rostro de Signorelli no cesó de estar presente para él, provisto de un brillo particular. (Lacan, 1964-1965, p. 28).

Allí donde Freud pierde su personaje oficial y sólo quedan algunas letras de su nombre, que pueden ser también las de Otro, pues ya no le son más propias, allí, no sin angustia, refulge el objeto que causa su deseo. Se agrega:

¿Qué es eso que sale sino es la figura proyectada ante él que no sabe ya desde dónde se ve, el punto desde dónde se mira? Pues ese S donde se constituye la identificación unaria del I -desde alguna parte todo se localiza – ese S no tiene ningún punto. (Lacan, 1964-1965, p 29).

El olvido del nombre propio visibiliza el punto estructural de falta. Lacan lo sitúa como un concepto límite, como un imposible, ya que funciona como representante de lo que no se puede decir, pues es esencialmente falta. La falta subjetiva articulada al deseo singular, que es el verdadero lugar de la identificación.

En su escrito Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano (1960) Lacan bordea este mismo imposible, esta vez de la siguiente manera:

Ahora bien, puesto que la batería de los significantes, en cuanto que es, está por eso mismo completa, este significante no puede ser sino un trazo que se traza de su círculo sin poder contarse en él. Simbolizable por la inherencia de un (-1) al conjunto de los significantes. Es como tal impronunciable, pero no su operación, pues ésta es lo que se produce cada vez que un nombre propio es pronunciado. Su enunciado se iguala a su significación. (Lacan, 1960, p. 779).

El  nombre propio, se presenta velando un punto crucial de la trama identificatoria del sujeto en que el ser viene a faltar. Este, tendría una función de engarce del sujeto a lo simbólico, de sutura del vacío, de un sujeto que por faltar, sólo puede consistir en su nombre.  Lacan describe el nombre propio en los siguientes términos:

El nombre propio es una función volante, como se dice que existe una parte personal de la lengua que es volante. Está hecho para llenar los agujeros, para darles su obturación, una falsa apariencia de sutura. Es por eso que me excuso. (Lacan, 1964-1965, p. 23)

La estructura de falta en ser, alcanzada por medio del trazo unario es imaginarizada por Lacan por medio del agujero de la botella de Klein.

 

Bibliografía.

Freud, S. (1901). Psicopatología de la vida cotidiana (1901). Tomo VI O.C. (10ª reimpresión).  Buenos Aires: Amorrortu. 2001

Lacan, J. (1960). Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano. Escritos I. Buenos Aires: Siglo XXI. 2006.

Lacan, J. (1955-1956). El seminario III Las Psicosis. (1° ed., 18° reimp.), Buenos Aires: Paidós. 2008.

Lacan, J. (1957-1958). El seminario V Las formaciones del inconsciente. (1° ed, 8°reimp.). Buenos Aires: Paidós. 2009

Lacan, J. (1964-1965). EL seminario XII Problemas cruciales para el psicoanálisis. Versión crítica. Trad. y notas de R. Rodríguez Ponte. E.F.B.A. Disponible en http://www.lacanterafreudiana.com.ar/lacanterafreudianajaqueslacan.html

 

(1) Notas.

El presente artículo está basado en  un extracto del siguiente trabajo: De Simone V. (2017). La nominación en la enseñanza del psicoanálisis de J. Lacan . (Tesis de Maestría en Psicoanálisis) Universidad Nacional de Rosario, Facultad de Psicología.