La estructura agujereada del saber.

La estructura agujereada del saber. (1)

Vanina De Simone.
Lic. en Psicología.
Magister en Psicoanálisis.

En El seminario XVI De un Otro al otro (1968-1969), Lacan plantea que el Otro como lugar de saber absoluto, como universo del discurso, como lugar de la verdad no existe. Con el propósito de fundamentar esta formulación toma la paradoja de Russell que él mismo cita. A los fines de entender las implicancias de la paradoja utilizada por Lacan se tomará la explicación brindada por a P. Amster (2010) en su libro: Apuntes matemáticos para leer a Lacan, 2. Lógica y teoría de conjuntos. Esta paradoja lógica ha sido tratada por B. Russell en el año 1901. Es una formulación matemática elaborada en relación a ciertas enunciaciones realizadas por G. Frege. Para entender la paradoja se debe tener en cuenta que existen dos tipos de conjuntos, los llamados conjuntos ordinarios, que no se contienen a sí mismos y los extraordinarios, que sí se contienen a sí mismos. Russell se pregunta si el conjunto de los conjuntos que no forman parte de sí mismos, forma parte de sí mismo. Es decir, si el conjunto que engloba a todos los conjuntos que no están incluidos en sí mismos forma parte de sí mismo o no. La paradoja consiste en que si no forma parte de sí mismo, pertenece al tipo de conjuntos que no forman parte de sí mismos y por lo tanto forma parte de sí mismo. Vale decir, formará parte de sí mismo si y sólo sí no forma parte de sí mismo. Russell explica que cuando se intenta construir un conjunto que se contenga como elemento a sí mismo se caerá en una paradoja y por lo tanto, en una inconsistencia lógica.

A partir de esta paradoja, Lacan ubica al Otro (A/) como lugar de la Urverdrängung, es decir lugar de la represión originaria, núcleo perdido para un sujeto que es a su vez sede de saber. De esta manera, el emplazamiento de la verdad estaría agujereado. Agrega el objeto a, como aquel que delimita el agujero en el A “(…) en la medida en que el a es el agujero que se designa en el nivel del Otro como tal cual se lo examina en su relación con el sujeto.” (Lacan, 1968-1969, p. 55). A partir de esta cita, es posible plantear que por estructura, hay del agujero en el Otro. De ahí, Lacan cuestiona la idea del Otro (A) como un código cerrado, total, sin fallas. Esta caracterización del A como un todo cerrado, universal, es equivalente a plantear el conjunto de todos los conjuntos que no pertenecen a sí mismos. Así, constituiría una inconsistencia lógica plantear la existencia de un A absoluto que nomine el conjunto por ejemplo saber o verdad o universo del discurso y por otro lado plantear como elemento el A agujereado, en relación a la constitución de un sujeto barrado. El autor refiere,

Que A en sí mismo tenga en sí esta falla que obedece al hecho de que no se puede saber lo que contiene, más allá, de su propio significante, es la cuestión decisiva donde asoma lo que ocurre con la falla del saber. En la medida en que la posibilidad del sujeto, por cuanto él se formula, está suspendida del lugar del Otro, es sumamente importante saber que lo que garantizaría, a saber, el lugar de la verdad, es él mismo un lugar agujereado. (Lacan 1968-1969, p. 54).

Es interesante ver cómo Lacan parte de la definición del sujeto como “(…) un significante representa a un sujeto para otro significante (…)” (Lacan 1968-1969, p.66.)  y lo trata en términos de conjuntos. Un sujeto está representado por  el subconjunto S1, que representa a un sujeto, mientras que el subconjunto (S1, S2) representa la relación del saber, representado por el Otro.  Lo que se pregunta es si el A podría representar al sujeto como conjunto representado por dos subconjuntos (A) ((S1) (S1, S2)).  Procura dar respuesta a su pregunta recurriendo nuevamente a la teoría de los conjuntos, construyendo un subconjunto que llama B, que representa a S2, el que subsume el resto de los significantes que representan al sujeto.El autor en la clase del 4 de diciembre de 1968, lo grafica de la siguiente manera:

En el conjunto que puede verse a la izquierda, el subconjunto B no puede ser elemento de sí mismo, pero tampoco no serlo. Esta contradicción es parte de lo referido anteriormente en la Paradoja de Russel. En el conjunto de la derecha una posición posible del conjunto B es ubicarlo por fuera o exterior a A. Plantea que esta exterioridad puede leerse como la inexistencia de una definición englobante de sujeto. Además, el punto en el que un sujeto realmente se significa como sujeto, en la separación del S1, en donde se constituye el S2  es exterior a A. Lacan se sirve de la Paradoja de Russell para mostrar la incompletud en el Otro.

En este punto, puede nombrarse al  Nombre del Padre como el operador que localiza un agujero central en la superficie topológica del saber. Esta propiedad, lo convierte en el soporte y agente de la castración en el Otro. Se trata de la constitución de la estructura con la incorporación de lo asemántico S1, el significante sin sentido, el rasgo unario, la letra, el fonema. Esto pondrá  límite al campo de la significación y situará el punto donde fracasa el saber del Otro. Este significante puro sin sentido será aquel que sostiene la ley para el sujeto. Ley que no es otra más que la ley del lenguaje. Ley del malentendido entonces, ley del equívoco. El S1 cuestiona el saber en nombre de la verdad. Un S1 es el lugar desde donde se interroga el deseo del Otro en el intervalo encontrado en los significantes de la demanda.

En El seminario XX Aun (1972-1973) en la clase del 20 de marzo, Lacan plantea que “(…) la verdad, es lo que no puede decirse. Ella sólo puede decirse a condición de no extremarla, de sólo decirla a medias.” (Lacan, 1972-1973, p. 112). Explica que es desde el goce, que la verdad resiste al saber. La verdad puede producir efectos relativos a ella en el discurso pero su lugar no reside allí sino en su escritura definida como un borde entre lo simbólico y lo real. Por ello, la verdad se excluye del discurso y no puede ser enunciada sino, en todo caso, suscitada en el límite mismo del significante. Lo real “(…) no cesa de no escribirse (…)” (Lacan, 1972-1973, p. 114)

La verdad, como verdad del inconsciente, se opone a lo verdadero, que no es sino el efecto de aquella sobre el discurso. La disyunción verdad-enunciado, es pues constitutiva de la relación del sujeto con la verdad, en tanto la división del sujeto opera entre el saber y la verdad. El psicoanálisis reconoce en el deseo y en uno de sus productos, el síntoma, la verdad del sujeto. “El análisis vino a anunciarnos que hay saber que no se sabe, un saber que tiene su soporte en el significante como tal.” (Lacan, 1972-1973, p. 116). El Otro es testigo de esa verdad. “Y, si es cierto que el Otro sólo se alcanza juntándose, como dije la última vez con el a, causa de deseo, igual se dirige al semblante de ser. Nada no es ese ser. Esta supuesto a ese objeto que es el a.”(Lacan 1972-1973, p. 112)

Badiou (1995) en una conferencia otorgada en Buenos Aires, publicada por la Revista Acontecimiento en su edición N° 10, plantea que un punto en común entre la filosofía y el psicoanálisis lacaniano es la concepción de verdad como aquello que concierne a lo real. El pensamiento está separado de lo real por lo que no posee una relación de conocimiento con respecto a lo real. Esto los aparta de otras concepciones en donde la verdad sería la adecuación entre el pensamiento y el objeto. La verdad es el primer efecto de pérdida de esa separación. No hay verdad sino a condición del vacío. Otro aspecto que los mancomuna, es el intento de localizar el vacío vía la matemática. La estructura matemática separa el pensamiento de la realidad y se acerca a la letra, más próxima a lo real. Expresa que la filosofía localiza el vacío del lado del ser, mientras que el psicoanálisis lo hace del lado del sujeto ya que este es lo que desaparece en el intervalo de dos significantes.

En la clase del 7 de diciembre de 1966, Lacan expone una de sus famosas frases “(…) yo, la verdad, hablo (…)” (Lacan, 1966-1967, p. 9). Se puede interpretar con respecto a esta frase que el inconsciente, habla la verdad y por otro lado, que cada uno que reciba ese discurso lo recibirá de maneras diferentes. A su vez, se puede decir que el pensamiento inconsciente es verdaderamente inconsciente que no puede ser capturado por la consciencia así como tampoco puede ser capturado por el conocimiento. En consecuencia, no hay verdad que diga nada del saber inconsciente porque existe una grieta en el sujeto, una Spaltung, una verdadera disociación del Yo que separa el saber y verdad. “El análisis vino a enunciarnos que hay saber que no se sabe, un saber que tiene su soporte en el significante como tal.” (Lacan, 1972-1973, p. 116) También es posible entender la frase: yo la verdad hablo a partir de la relación entre la verdad y significante. Puesto que no hay universo del discurso, ningún lenguaje podría decir lo verdadero sobre lo verdadero, la verdad se funda por el hecho de que habla y no tiene otro medio para hacerlo. A lo largo de este seminario, Lacan plantea que, no hay universo del discurso, intentando señalar lo real. Este no puede ser capturado ya que lo simbólico no llega a recubrirlo. Lo verdadero sobre lo verdadero no será dicho dejando así un margen de enigma e incertidumbre.

Bibliografía.

Amster P. (2010). Apuntes matemáticos para leer a Lacan, 2. Lógica y teoría de conjuntos. (1° ed.) Buenos Aires: Letra viva. 2010.

Lacan, J. (1966-1967). EL seminario XI La lógica del fantasma. Versión inédita.

Disponible en http://www.bibliopsi.org/freudLacan.php

Lacan  (1968-1969),  El seminario XVI De un Otro al otro (1° ed. 3ª reimp.), Buenos Aires: Paidós. 2011.

Lacan, J. (1972-1973). El seminario XX Aún. (1° ed. 12° reimp.), Buenos Aires: Paidós. 2011.

(1) Notas.

El presente artículo está basado en  un extracto del siguiente trabajo: De Simone V. (2017). La nominación en la enseñanza del psicoanálisis de J. Lacan . (Tesis de Maestría en Psicoanálisis) Universidad Nacional de Rosario, Facultad de Psicología.